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lunes, 7 de octubre de 2013

Perdida de corazón Parte 2


Después de un tiempo decidí entregarle mi corazón. Prepare un ritual muy elaborado para que pudiera quemar la huella de su dedo en la superficie de mi vital órgano. A la orilla del mar estábamos y él tenía una extraña mueca en la cara. El sabia que era bruja, pero aún así noté que algo raro pasaba, pero empecé.

Dentro del un circulo de rocas estábamos los dos, levante la espada que poseía en ese entonces y grite.

-Estoy entre aquel y este mundo, que los dioses me protejan. Me permito invocar a los espíritus guardianes para obtener de ellos el beneficio de los dioses a quienes deseo invitar con toda la generosidad y humildad posible. Espíritu del norte, yo te invoco; espíritu del sur, yo te invoco; espíritu del este, yo te invoco; espíritu del oeste, yo te invoco. Invoco su presencia en este lugar, en esta noche y bajo este cielo. Los invoco como los únicos testigos del pacto y la entrega de mi ser a mi otra mitad.

Aún no acababa el ritual cuando el tomo la espada que aún sostenía en el aire y la atravesó, en mi corazón. No sabía que pasaba en ese momento simplemente me caí al suelo y unas lagrimas brotaron de mis ojos. Lo único que se me ocurrió decir fue.
-Doy gracias, cierro este circulo, así sea- Y caí.

Desperté llorando, la sangre estaba por todo lados. Océano había atravesado mi corazón, esto hubiese sido sólo una herida si mi corazón no hubiese estado hinchado con amor. El amor es una sustancia volátil que al contracto con el oxigeno hace combustión, así que ahí, tirada en el suelo me di cuenta que mi corazón estaba chamuscado,  ese sin duda alguna fue uno de los días más tristes de mi larga vida. Sin haberle hecho nada a océano el travesó mi cuerpo y salió corriendo. Por ser bruja. No, creo que esa noche lo asusto el compromiso y decidió huir. Me senté en la arena. Miré al mar y vi que se acercaba una de esas criaturas que lo cuidan llamados sirenas. No me moví, sólo deje que se acercara y así lo hizo ella. Dijo –Todo estará mejor en un rato- me tocó la frente y volví a caer.

-Ya te habías enamorado antes, tienes suerte que esta vez apenas comenzara, de lo contrario tu corazón estaría completamente quemado. Tus dioses te protegieron anoche, esto también ayudó.

Su mano ahora era un mortero y sus dedos un mazo, en la palma tenía las cenizas de mi corazón y yo, yo no sabía cómo lo había sacado, no tenía ninguna herida y ella tenía mi corazón, los secretos de las sirenas son un misterio, aún para personas como yo.

-¿Que fue lo que paso? Pregunté yo
-Pasó que tu corazón fue quemado, pero como estás maldita, no puedes morir, así que sólo te quedó un fuerte dolor.
-Pero ¿Qué paso?
-El poeta se asustó y trato de matarte, no es la primera vez que lo hace.
-¿Por qué mi corazón se hizo blanco?
-Porque las cenizas al contacto con la sal de mar se hacen blancas, aparte le agregue tus lagrimas para poder unirlo.
-Y qué haces
-Lo compongo y te doy una razón para vivir.  Cada día le te comerás la tierra de este corazón y antes de que lo termines regresa y arrójalo, así te daré uno nuevo. 
-Eso no es otra maldición
-Es un favor. La Sirena me miró de forma agresiva, extendió la mano y tomé el corazón. Me levante, no había nada que recoger, la marea se había tragado todo. Me levante y regrese al desierto. Ya no he vuelto al mar, el favor se hizo maldición, me pesa tener el corazón de piedra, sólo falta una mordida y si no lo regreso no tendré corazón nuevo.

Los errores cuestan, pero el amor lo vale. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Perdida de corazón Parte 1


He vivido más años de los que he querido. La muerte sigue sin perdonarme y la vida parece ser más terrible al pasar los días. ¿Quién dice que ser inmortal es bueno? Lo difícil que es ser errante siempre y tener que dejar ir a los demás. La esperanza se desmorona y las ilusiones se reducen a cenizas como… como el corazón.

He vivido mucho, he pasado terribles cosas, pero ninguna como perder el corazón.
¿Perder el corazón? Si, siempre e tenido fama de descuidada y pues aunque parezca el colmo, es verdad que lo perdí. O bueno, me lo robaron. Cada vez que uno se enamora el corazón se emborracha de amor. Por si no lo sabían. El corazón se hincha de amor y el amor en el cuerpo se vuelve una sustancia altamente volátil. Emborracharse de amor, no es lo mismo que emborracharse con alcohol, pero provoca un estado similar, como por ejemplo te vuelve dócil, alegre, extremadamente cariñoso, fácil de convencer, terco, te da ilusión y esperanza que tal vez no existen, te hace mas sensible a lo que te rodea y pues en el cuerpo causa hambre, ansiedad, insomnio y varios desajustes más.

Todo empezó porque a mí me gusta visitar la playa, pero por mis múltiples ocupaciones no puedo ir tan regularmente como me gustaría. Así que decidí ir a una playa nueva y sin conocer a nadie de por ahí. Al llegar a la arena y sentir la brisa del mar, noté una presencia de esas mágicas, un lugareño con poderes de la palabra estaba cerca y mis sentidos se pusieron alertas, no puedo confiarme de nadie, a estas alturas de la vida está mal tener confianza en magos. La presencia desapareció y supe que el había huido de mí. Esa tarde me hubiera ido.

A falta de refugio me fui a dormir dentro del mal en un coral con los peces. No me gusta el agua de mar, pero era un lugar seguro, antes del amanecer, desperté, pero vi una cara a menos de un metro de mi acercándose más y más. ¿Cómo era esto posible? Hace años que nadie se acercaba a mí sin antes yo notar su presencia y para mi desgracia era aquel mago. ¿Qué, por qué y para qué? ¿Acaso quería comerme los ojos? Como pude salí del mar, llegue a la orilla y lo enfrente, pero el fue directo y justo al grano, ¿Qué quería? MI CORAZÓN.

Ni siquiera era un brujo, sólo era un poeta. Nunca he creído en el amor a primera vista pero su convicción era tanta que por alguna razón no me fui de ese puerto. Después de vivir tanto, la vida humana y la inmortal no corren al mismo tiempo y lo que para mí fueron unos lindos días en la playa, para él fueron largos y angustiosos meses, al darme cuenta de que sus esfuerzos eran tan agotadores decidí darle la oportunidad. Escuchar sus versos cada noche me hacía sentir humana, la oportunidad de sentirte frágil y cuidada era tan maravillosa que no la desaprovechaba, el amor ha llegado tan pocas veces a mí con tanta fuerza que me perdí en sus lecturas y en sus ojos que reflejaban el mar, lo que no noté era que mis días felices para él se convirtieron el largos y cansados meses.